Mi nombre es María, y me encantaría compartir con vosotros cómo descubrí mi vocación como logopeda y psicóloga. La decisión más bonita que he tomado hasta ahora.
Desde que era pequeña me gustaba mucho ayudar al resto, y también tenía mucho interés por la música. Recuerdo una vez en clase, con 10 años, en la que preguntaron: «¿Qué es lo que mejor se os da?» De alguna manera yo no veía que destacara en algo puramente académico, y lo que más me gustaba de mí era ser empática y mi dedicación y paciencia con mis compañeros y con la música (piano y coro). Pero eso… ¿me serviría de algo? Cuando fui algo más mayor, decidí ir a la rama de ciencias de la salud, ya que mi vocación por el trabajo con personas no se había terminado. No supe qué quería exactamente hasta que, tras estudiar la asignatura de filosofía, me di cuenta de que mi verdadera pasión era entender al ser humano y su relación con otros y con el mundo. Es ahí, cuando se unen los dos universos y decido estudiar psicología. ¿Y la logopedia? Esta rama llegó de forma sorprendente. Agradezco mucho a mi yo de 18 años, con tantas dudas y con la necesidad de ver todas las opciones posibles, cuando vio una doble titulación con logopedia ¿qué era eso? Aparentemente, las descripciones de internet eran bastante interesantes, y decidí arriesgarme y probar. Tras el primer cuatrimestre supe que tomé la mejor decisión.
Comencé esta doble titulación enamorada, desde el primer momento, por el cerebro y el lenguaje. Cinco años después, fui especializándome en daño cerebral y sobre todo, en el área de la comunicación y su relación con otras funciones cognitivas y las emociones. Cuando creía que ya nada podía volver a sorprenderme, llegó mi primera experiencia con los más pequeños. Tras finalizar la carrera, segura de mi interés por el daño cerebral adulto, llega la oportunidad de conocer el mundo de los niños y sus familias. Nunca me había sentido tan llena y agradecida por mi trabajo.
En 2023 continué mi formación con dos másteres para habilitarme como psicóloga, y en específico como neuropsicóloga, mientras seguía formándome en otras áreas de logopedia. Comencé a trabajar en el Hospital Beata María Ana, donde conocí a un maravilloso equipo, con el que comprendí la importancia del trabajo coordinado entre familias, equipo médico, terapeutas y entornos escolares. Además, próximamente comenzaré mi doctorado orientado en el estudio del lenguaje, puesto que la investigación es otra de mis aficciones.
Actualmente mi principal interés, y formación, gira en relación a los problemas de alimentación, la esfera orofacial, la comunicación en el trastorno del espectro autista (TEA) y la voz (tampoco me distancio de mi vocación musical). Para mí, es muy importante trabajar en todos los aspectos como logopeda, sin olvidarme de las implicaciones emocionales que tiene para el propio niño/a y su familia. Mi principal trabajo es conseguir que ellos sean sus héroes y heroínas de su propia historia y ayudarles a vaciar la mochila que muchas veces llevan a cuestas.
Hace un tiempo, una niña me preguntó: “pero exactamente ¿qué es ser logopeda?” Esta pregunta me pilló desprevenida, y tras mucho pensar una definición, basada en mi experiencia de estos años, sería la siguiente: La logopedia es todas las primeras veces. La primera mirada a los ojos. La primera sonrisa compartida o que te den su ficha más querida. La primera payasada para hacerte reír, y el primer gesto para poder pedir. La cara de sorpresa y alegría por conseguir decir o leer una palabra que no podía. La primera vez sin miedo a fallar para hablar, articular, tragar o cantar. La primera historia que quieren escribir, contar o interpretar. El primer disfrute con la lectura y en conocer, a través de ella, nuevas aventuras. La logopedia son todas las familias, que nos hacen mejorar y aprender de ellas todos los días.
Con todo esto, comienzo este nuevo proyecto para mí, emocionada y agradecida al Centro Creciendo por haber confiado en mí para formar parte de este maravilloso equipo.