Duelo en infancia y adolescencia

En la vida nos toca afrontar cambios, ya bien sea por la pérdida de un ser querido, mascota, trabajo o incluso una parte de nuestro cuerpo. Ante los cambios como el de residencia, de trabajo, colegio, etc. también aparece este proceso de duelo. El articulo de hoy, viene a explicar qué es el duelo y cuáles son sus características durante la infancia y la adolescencia.

El duelo es la reacción psicológica que cursa con dolor emocional. Aparece cuando sufrimos un cambio o una pérdida significativa en nuestra vida que nos obliga a reestructurar nuestro día a día, e incluso la forma de entender la vida misma.

 


Es un proceso de adaptación a una nueva situación.


 

Está reacción se puede dar por diferentes motivos y tipos de pérdida. Además, debemos de tener en cuenta que en función del momento vital y de las herramientas que tengamos para afrontar este cambio, nuestro proceso de duelo será diferente en cada uno de los momentos de nuestra vida.

El tipo de duelo más conocido es el derivado de la PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO. En función de las circunstancias y de la relación que tuviéramos con la persona variará la intensidad y duración del proceso.

 


“Shock, rabia, tristeza y aceptación”


 

Como todo proceso, cuenta con varias etapas que van transcurriendo a lo largo del tiempo y que tienen rasgos propios característicos. Dependiendo del autor al que se lea, varían ligeramente. Pero las podemos resumir en:

Shock: es el estado de desconcierto inicial, como un embotamiento mental. Nos bloqueamos como mecanismo de defensa de nuestra mente ante la sobrecarga emocional que nos genera esa información. Sirve para darnos tiempo a poder asumir la información que hemos recibido.

Rabia: en ocasiones podemos sentir rabia ya que podemos pensar que es injusto que nos esté pasando esto (¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora?). En ocasiones la rabia la podemos sentir hacia otros o hacia nosotros mismo en forma de culpa. En esta fase, podemos ir retomando las actividades cotidianas, pero a otro ritmo.

Tristeza: En esta fase empezamos a tomar conciencia de que las cosas no volverán a ser como antes (que esa persona no volverá, que nuestro cuerpo no será como antes, etc.) La acompaña un sentimiento de profunda tristeza y es muy fácil que nos emocionemos con facilidad. Es un momento en el que tenemos que acostumbrarnos a la ausencia y es por ello habitual sentir apatía, pena, desinterés o incluso cambiar nuestro estilo de vida. En esta fase no es recomendable tomar decisiones trascendentales, mejor dejarlo para más adelante.

Aceptación: poco a poco vamos tomando nuevos patrones de vida que se ajustan más a la nueva realidad. En esta etapa el recuerdo de nuestra vida anterior pasa a ser más positivo y reparador.

La duración del duelo varia en cada caso, pero el primer año tras la pérdida siempre es el peor. En este periodo empezamos a vivir fechas especiales por primera vez tras el cambio lo que nos lleva a buscar formas de adaptarnos a esa situación, y suelen venir acompañadas de tristeza, nostalgia, etc. Un duelo que no se trabaja y se cronifica más allá de los dos años (con sensaciones intensas) puede interferir gravemente en la vida de la persona e incluso derivar en trastornos emocionales.

Una diferencia importante que destacar. El duelo y la depresión son entes diferentes, en ambos encontramos una gran tristeza, pero la diferencia principal es que en la depresión aparece el sentimiento de inutilidad, cosa que no aparece en el duelo. En ocasiones pueden aparecer juntos, ya que no son excluyentes.

 


El duelo y la depresión son entes diferentes que pueden aparecer juntos en ocasiones.


 

La muerte forma parte de la vida y todos, niños y mayores, tarde o temprano nos tenemos que enfrentar a una situación de pérdida. De ahí la importancia de explicarles la muerte a los niños.

Si los niños crecen sin exponerse al afrontamiento de la pérdida, serán más propensos a la frustración y no desarrollarán las habilidades necesarias para afrontar eventos a los que seguramente deberán enfrentarse cuando alcancen la edad adulta.

Los niños y adolescentes sufren la muerte de sus seres queridos, sienten y cuestionan muchas cosas, tienen preguntas, inquietudes y dolor que deben ser atendidos, escuchados y cuidados. Pero en muchas ocasiones lo adultos no estamos preparados para dar respuesta a esas preguntas.

Debemos tener en cuenta que de nuestras explicaciones marcarán como vivan su primer duelo y este marcará las pérdidas futuras.

DIFERENCIAS ENTRE EL DUELO INFANTIL Y EL ADULTO:

A tener en cuenta: la edad del niño, el tipo de relación con el fallecido, recursos externos e internos.

En la infancia y adolescencia el ritmo vital es diferente al de los adultos, en esta etapa la pérdida no necesariamente tiene que suponer una ruptura con la realidad. Es más frecuente que se mantengan áreas vitales preservadas, como el centro escolar o los amigos. Esto mismo, unido a la plasticidad neuronal y que los esquemas mentales no han cristalizado del todo, permite tener una velocidad de elaboración del duelo más rápida que los adultos.

Otra diferencia en la etapa infantil es la expresión emocional. Las expresiones emocionales de los niños van a ser diferentes a las de los adultos. La tristeza en la infancia puede manifestarse mediante rabietas, comportamiento irascible o incluso retador. Además, necesitan que se responda a sus preguntas acerca de la pérdida, esto en parte se debe a la dificultad que pueden tener en etapas tempranas para comprender conceptos abstractos como la muerte, amor, amistad, etc.

El significado de la pérdida dependerá de la proximidad que tengan, no es lo mismo perder a una figura cercana que a una figura de referencia emocional. En las primeras etapas de la infancia podemos encontrar un pensamiento egocéntrico que los lleva a estar centrados en ellos mismos (y su supervivencia), esto también es normal, pero no significa que no les duela la pérdida.

Los niños necesitan que las figuras de apego les apoyen y cubran sus necesidades más que nunca. Además, se les cuenta lo que queremos que sepan y se les permite participar en los rituales de despedida solo lo que los adultos consideran. Esto en ocasiones puede generar una mala elaboración del duelo.

 


Dependerá de que tengan un espacio y se legitimen sus emociones.


 

Algunas recomendaciones que poden ser de utilidad a la hora de afrontar un duelo en la infancia y adolescencia son:

  1. Anticipa la muerte/cambio. Anticipar ayuda a ir asumiendo la realidad en pequeñas dosis de información por lo que se inicia el proceso de duelo de forma más llevadera. En los casos de afrontar un cambio como un divorcio o un cambio de residencia, ayuda muchísimo.
  2. Mantén rutinas, espacios conocidos y personas familiares, siempre que sea posible. Todas aquellas áreas que se mantengan estables tras un cambio ayudan a tener sensación de arraigo y seguridad. Pueden convertirse en su refugio.
  3. Usa palabras adaptadas a la edad. Administrar la información de forma progresiva y siempre con lenguaje que puedan comprender y manejar de forma eficiente. Les diremos la verdad, la información que necesitan.
  4. Comprender la inestabilidad tras la pérdida. Tras la pérdida o cambio, todos debemos pasar por las diferentes etapas, y este transito se reflejará en el comportamiento.
  5. Tranquilizar ante la posibilidad de otras pérdidas. En la etapa infantil pueden aparecer miedos a otras pérdidas, es por ello crucial tranquilizarlos y contextualizar la pérdida o cambio.
  6. Explica rituales y permite que participe. Los rituales de despedida nos ayudan a integrar y comprender el cambio y son necesarios a todas las edades. Además, tienen una gran carga social que favorece poder recibir apoyo externo de nuestra comunidad. Esto en la infancia es importante, no solo por el apoyo emocional, si no para que aprendan a afrontar estas situaciones en el futuro.
  7. Crea espacios donde expresar libremente las emociones. Recordemos que van a otro ritmo y que puede ser que necesiten expresar lo que sienten pasado el tiempo. De ahí que sea tan importante mantener estos espacios disponibles para que puedan expresarse libremente cuando ellos lo necesiten.
  8. Comparte recuerdos y experiencias con ellos. Nos ayuda a sentirnos acompañados en el proceso, además aporta momentos de felicidad al recordar todo lo que nos ha dado esa persona en vida, o todas las cosas que hicimos en esa etapa. Para todo hay un momento, si al principio duele es mejor dejarlo para más delante.
  9. Normaliza las emociones. Es importante que comprendamos que las emociones van a aparecer tras un cambio de este tipo, por ello debemos normalizar que aparezcan y mostrar formas funcionales y socialmente aceptables de manifestar las emociones.

Cada caso es un mundo, no se puede generalizar. Estas recomendaciones son generales, es por ello que te recomiendo que si estás pasando por una pérdida o cambio importante en tu vida o la de los más pequeños, busques ayuda profesional. Nuestro equipo de profesionales de CENTRO MÉDICO CRECIENDO están para acompañarte en el proceso.

 

Autor

Alejandra Riera Catalá

Psicóloga Infanto Juvenil - Centro Creciendo Alicante

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