Pero diagnosticar asma no es tan simple como escuchar un silbido y correr al inhalador. Por eso hoy te cuento, de forma sencilla y sin alarmismos, cómo solemos los pediatras sospechar que un niño puede tener asma.
Vamos desde el principio.
Todos los niños tosen: el cole es un festival de virus y los bronquios están en constante entrenamiento. El problema aparece cuando la tos se instala como un inquilino no invitado.
Si tu peque lleva semanas tosiendo, especialmente por la noche o cada vez que corre, ese es uno de los primeros avisos de que los bronquios pueden estar más sensibles de lo habitual.
A veces los padres dicen: “es que cada catarro se convierte en bronquitis”. Y ahí se nos encienden las antenas. No porque sea grave, sino porque es un patrón muy típico en niños asmáticos: virus + bronquios muy reactivos = tos que se alarga más de la cuenta. El famoso silbido… que no siempre es asma.
El silbido o la llamada “sibilancia” es otro de esos síntomas que dispara todas las alarmas. Pero ojo: no todos los pitos son asma. En menores de dos años, por ejemplo, la bronquiolitis es la reina de los silbidos y no significa que el niño vaya a tener asma en el futuro. Lo que realmente nos importa es la repetición. Si tu hijo ha tenido varios episodios de ruidos al respirar, entonces sí que empieza a encajar la pieza asmática del puzzle.
Ese momento en que parece que le falta el aire. Hay niños que, al correr, se paran en seco y te dicen: “mamá, me canso mucho” o “me duele el pecho”. Otros no lo verbalizan, pero respiran rápido, mueven mucho el tórax o se les nota un esfuerzo extra. Esa sensación de ahogo o de “no me entra el aire” es muy característica. Y puede aparecer en infecciones respiratorias comunes, especialmente cuando se repite. Ello nos orienta hacia asma.
No solo miramos los síntomas. También observamos qué historia tiene el niño detrás.
¿Hay alergias en la familia? ¿Tiene dermatitis atópica, alergia alimentaria o rinitis alérgica?
¿Vive expuesto a humo del tabaco o a mucho polvo?
¿Lleva desde bebé haciendo episodios de respiración ruidosa que siempre responden al salbutamol?
Nada de esto confirma el diagnóstico, pero suma puntos.
A partir de los 4 o 5 años podemos hacer espirometrías, que son como “soplar fuerte en un ordenador” para ver cómo funcionan los pulmones.
Si después de usar un broncodilatador las cifras mejoran, eso nos indica que los bronquios estaban cerraditos y se han abierto: clásico del asma.
En los más pequeños no siempre podemos hacer estas pruebas, así que tiramos de criterio clínico y de observar cómo evolucionan los episodios a lo largo del tiempo. A veces el diario de síntomas de las familias es más útil que cualquier máquina.
Entonces… ¿Cuándo sospechar que sí es asma?
Cuando un niño:
… ahí es cuando el pediatra empieza a considerar seriamente el diagnóstico.
El asma infantil asusta, lo sé. La palabra tiene mala fama. Pero la realidad es que hoy en día el asma se puede controlar muy bien.
Un niño con asma bien tratado puede correr, bailar, hacer deporte e incluso competir. Puede tener una vida completamente normal.
La clave está en reconocer esos primeros signos, consultar con el pediatra y seguir un plan de tratamiento personalizado.
Y, sobre todo, no vivirlo con miedo: el asma no define a tu hijo. Simplemente es un compañero de viaje al que hay que conocer bien.
Autor
Dr. Fancisco Palazón Rico
Neumólogo y Alergólogo Infantil - Centro Creciendo Alicante
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