Soy dermatóloga, docente e investigadora, pero, sobre todo, una médica a la que le apasiona cuidar la piel de los niños y acompañar a sus familias.
Estudié Medicina en la Universidad Autónoma de Madrid y posteriormente realicé mi formación como especialista en Dermatología médico-quirúrgica en el Hospital Universitario Gregorio Marañón. Allí descubrí muy pronto que dentro de la Dermatología había un área que me atraía especialmente: la Dermatología Pediátrica. La piel de un niño no es simplemente la piel de un adulto más pequeño. Las enfermedades son diferentes, su forma de manifestarse también y, sobre todo, la manera de acercarse al paciente y a su familia requiere una sensibilidad especial.
Mi carrera profesional ha estado desde entonces estrechamente vinculada al Hospital Gregorio Marañón, donde actualmente soy responsable del área de Dermatología Pediátrica. A lo largo de estos años he tenido la oportunidad de atender desde los problemas dermatológicos más frecuentes de la infancia hasta enfermedades poco comunes y casos de gran complejidad. Una parte importante de mi trabajo se centra también en la dermatitis atópica grave y en las anomalías vasculares, patologías en las que el seguimiento a largo plazo y el trabajo conjunto entre distintas especialidades resultan fundamentales.
Otra parte esencial de mi vida profesional es la docencia. Soy profesora de Dermatología en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid pero además realizo una intensa labor docente con residentes en formación y con especialistas ya formados. Enseñar obliga a mantenerse al día, pero también permite comunicar, estimular a nuestros futuros médicos, formar a nuestros especialistas e interaccionar con nuestros compañeros de otras especialidades.
Participo habitualmente en cursos y congresos nacionales e internacionales, tanto compartiendo mi experiencia como aprendiendo de otros profesionales. También formo parte de diferentes sociedades científicas nacionales, europeas y norteamericanas relacionadas con la Dermatología y las anomalías vasculares.
Con los años he aprendido que tratar una enfermedad de la piel va mucho más allá de prescribir una crema o un medicamento. Hay enfermedades que pican, duelen, alteran el sueño, afectan a la autoestima o condicionan la vida cotidiana del paciente y de toda su familia. Escuchar, explicar qué está ocurriendo y ofrecer un plan que padres y niños puedan comprender es la base del tratamiento. Ese es el tipo de Dermatología que intento ejercer: rigurosa desde el punto de vista científico, actualizada y, al mismo tiempo, cercana a los niños y a sus familias.
Creo que la actividad privada y la pública se complementan y hace años que realizo un tipo de asistencia donde es clave escuchar, buscar detalles en la historia clínica y dar a cada paciente el tiempo que necesita. Estoy muy contenta de incorporarme a un Centro como Creciendo que comparte la misma filosofía.