Rosa Tena

Neuropsicóloga

Ayudar a la gente ha sido siempre mi propósito. Desde que tengo uso de razón, me recuerdo tratando de ayudar a mi entorno a sentirse mejor, más seguros, pero incluso a mi misma también. De niña me costaba estudiar, lo pasaba mal en el colegio y me sentía diferente. Así, cuando me comencé a cuestionar qué estudiar y qué camino tomar, en seguida supe que no quería que los demás niños y niñas pasaran por lo mismo, quería convertir el aprendizaje en algo bonito, las clases en retos apasionantes y que nunca más un niño mirara atrás y pensara que era una etapa que olvidar. Así, la psicología apareció en mi vida y tuve claro que era mi camino.

Ya estaba cursando mis estudios de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid, cuando se despertó en mí algo más. Había algo nuevo que me fascinaba y que además veía como un camino muy valioso a la hora de entender el comportamiento humano. Se trataba del cerebro, de su increíble complejidad y, a la vez, se trataba de comprender cómo las alteraciones que podía sufrir, se reflejaban directamente en la conducta.

¿Y ahora qué? Había encontrado el sentido a mi propósito vital, pero desconocía cómo alcanzarlo. Así, traté de aprovechar cada minuto de las clases en las que se abordaba los problemas vistos desde el cerebro. Podía parecer un camino difícil, ya que en mi generación aún no estaba muy desarrollado, pero tenía claro que quería apostar por ello.

Al acabar la carrera, y tras pasar un año en una ONG dedicada a niños que padecían cancer, decidí dar el siguiente paso. Me matriculé en el Master de Neuropsicología Infantil de la Universidad Complutense con el propósito de ayudar a estos pequeños que había conocido tan de cerca. Sus vidas se habían visto afectadas por tumores en el cerebro y eso les impedía volver al colegio o seguir el ritmo de las clases cuando salían del hospital.

Así, fueron dos años muy intensos, de mucho aprendizaje y disfrute de cada una de las asignaturas. Me encantaba y en seguida pedí hacer prácticas para seguir aprendiendo más y más.

Continué mi formación en la Unidad Infantil del Hospital de la Beata de Madrid, donde había un pionero departamento de neuropsicología infantil,  que fue mi cantera. En esa época, aprendí a trabajar en equipo con logopedas, terapeutas ocupacionales y fisioterapuetas. Viendo al paciente como algo global y así abordarlo desde diferentes perspectivas médicas, construyendo con cada especialidad el camino de mejora del paciente.

Estar rodeada de niños, adolescentes e incluso adultos y entender el origen de su padecimiento y trabajarlo juntos fue algo que me conquistó. Sus sonrisas al ver cómo avanzaban, sus ganas de seguir luchando y la ilusión con la que venían a las terapias conmigo hizo que todo valiera la pena.

Tras más de 13 años en puestos similares en diferentes hospitales y centros en los que continué aprendiendo mientras trabaja, comienzo mi aventura en el Centro de Especialidades Creciendo, en el que espero aportar mi granito de arena en un entorno único y junto a un equipo interdisciplinar increíble.

«Cada pequeño logro es una victoria en si misma».