Imaginemos por un momento que perdemos la capacidad para caminar, tragar y mover las manos a voluntad. Qué, además aparecen crisis epilépticas, pérdida de agudeza visual e incluso pérdida de la capacidad de comprender y reconocer lo que veo. Imaginemos que no recordamos de lo que ha pasado, no sabemos quiénes somos, ni quiénes son las personas que tenemos alrededor. Y por si no fuera suficiente, no poder entender lo que dicen ni expresar lo que queremos porque el cerebro está fuera de juego. Y, ¿Por qué pedir a los lectores que se lo imaginen? Pues porque el DAÑO CEREBRAL ADQUIRIDO (DCA) puede llegar en cualquier momento a las personas sanas.