En 2007 la ONU declaró el 2 de abril como el día mundial de la concienciación de los derechos de las personas con autismo. Se revindican los derechos humanos y las libertades de las personas con trastorno del espectro autista (TEA), para una sociedad más justa e igualitaria.
El trastorno del espectro autista (TEA) es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la configuración del sistema nervioso y el funcionamiento cerebral. Puede presentarse de muchas formas y con diferentes grados de gravedad. Y puede aparecer tanto en hombres, como mujeres.
Según el manual diagnóstico de las enfermedades mentales DSM-V. El trastorno del espectro autista consta de las siguientes características:

Las personas autistas, o mejor dicho, que están dentro del espectro autista generalmente presentan dificultades a la hora de comunicarse con otras personas. En las primeras etapas de la vida, podemos encontrar falta de interés en la conducta comunicativa, no contacto ocular, llevar a la persona de la mano para pedir cosas en lugar de hablar, entre otros. En etapas más avanzadas podemos encontrar ausencia de lenguaje en los casos más graves, o dificultades para comprender la parte no verbal del lenguaje como las bromas, la ironía, las miradas, los gestos, etc.
En cuanto a las relaciones sociales, les va a costar hacer amigos o entablar una relación con otra persona. En ocasiones les cuesta entender la variabilidad del comportamiento humanos, las emociones, los deseos, etc.
Otra de las características es la rigidez mental. Les cuesta adaptarse de forma rápida a los cambios, por lo que los imprevistos los pueden desestabilizar.
También podemos encontrar hipersensibilidad a estímulos externos como los ruidos o la luz, las texturas, etc. Es por ello que cada vez con más frecuencia, encontramos en grandes superficies espacios y horarios adaptados a sus necesidades. Aunque queda mucho por hacer.
Pero también tienen puntos fuertes como son la atención por los detalles, sinceridad, honestidad, procesamiento lógico de la información, respeto a las normas, más todos los propios de cada persona.
Porque detrás de cada diagnóstico, hay una persona.
Hay muchos mitos acerca del autismo, como que es una enfermedad, que tiene cura, que está causado por las vacunas, que prefieren estar aisladas, que no se comunican, que tienen rasgos diferenciadores, que llevan asociado la discapacidad mental o habilidades especiales o que se presenta más en hombres que en mujeres.
Lo cierto es que el autismo es una condición. Para que me entendáis, es como si las personas neurotípicas (los que no estamos dentro del espectro) tuviéramos un sistema operativo Android, y las personas que si están dentro del espectro autista tuvieran IOS. Son dos tipos de sistemas operativos diferentes por lo que se procesa la información de forma totalmente diferente.
Debido a esta condición, las personas con TEA se relacionan con el mundo de forma diferente, porque lo perciben diferente. Evidentemente esto afecta a la hora de comunicarse y relacionarse con otras personas. Lo cierto es que cuando consigues superar la barrera comunicativa, descubres a personas maravillosas.
La discapacidad mental puede acompañar al autismo o no. Como ya he comentado, es una condición. Por lo que se puede combinar con muchas otras patologías. Podemos encontrar discapacidad intelectual, como también alta capacidad, o alteraciones cromosómicas como el Síndrome de Down.
Y en cuanto a la cuestión de la prevalencia según el género, habría que valorar si no se debe más a un sesgo por estereotipos que estén mediando en la detección y diagnóstico más que en la prevalencia como tal.
No quiero acabar este artículo sin mencionar a las familias de estas personas. Cuando llega la noticia de un diagnóstico de diversidad funcional a una familia, es como si un meteorito impactara. Porque seamos sinceros, a nadie nos preparan para esto.
La llegada de este diagnóstico cambia la dinámica familiar, los roles, las rutinas… todo, hasta las prioridades.
Pero… ¿Y cuando hay hermanos?, ¿Qué pasa con los hermanos? Desde Centro Creciendo, creemos firmemente que para trabajar con los niños hay que trabajar con la familia, ya que son los que más los conocen, los que más tiempo están con él/ella. Pero sobre todo, porque a ellos también les cambia la vida y necesitan contar con un espacio donde sentirse apoyados, escuchados y atendidos.
En Centro Creciendo no solo se hace detección e intervención con las personas TEA, también con sus familias.
En el Día Mundial del Trastorno del Espectro Autista (TEA), es fundamental fomentar el respeto y la comprensión hacia la diversidad desde la infancia. La literatura infantil es una gran herramienta para ello, ya que permite a los niños ponerse en el lugar del otro y valorar las diferencias como parte de un mundo enriquecedor. Entre las lecturas recomendadas, Los cuentos de Lucía, mi pediatra es una opción maravillosa que, a través de historias cercanas y educativas, enseña valores como la empatía, la inclusión y el respeto. Junto a otros títulos que abordan la diversidad y el respeto a las diferencias, estos cuentos ayudan a construir una sociedad más tolerante y consciente.
Además, os dejo dos cuentos que abordan precisamente el autismo desde la perspectiva de los hermanos.
Lo ha escrito Eloísa Ros, psicóloga especialista en desarrollo infantil y atención temprana. Ella se dedica a hacer acompañamiento emocional en infancia y a las familias. Y lo ha ilustrado María Eugenia Rela.


Os los comparto porque ambos hablan de lo mismo, pero desde puntos de vista muy diferentes. Aunque si algo tienen en común es la sensibilidad y el mimo que le han puesto las autoras para abordar un tema tan delicado como importante.
Como siempre, espero que os haya gustado.
Nos vemos pronto.
Autor
Alejandra Riera Catalá
Psicología Infanto - Juvenil - Centro Creciendo Alicante
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