La gran mayoría de la población tiene varicela en su infancia; desde la introducción de la vacuna contra varicela en el calendario vacunal de los niños, afortunadamente se ven cuadros de varicela mucho menos sintomáticos y con menos secuelas. Casi en su totalidad, la varicela ocurre una vez en la vida; sin embargo, se han descrito casos de re-infección subclínica (sin manifestaciones o síntomas) por varicela, evidenciada serológicamente.
Luego de la infección inicial – varicela- el virus herpes Zoster puede permanecer latente (“dormido”) en los ganglios nerviosos dorsales y reactivarse años después, causando herpes zóster. Se trata de una infección dolorosa, que se manifiesta como una erupción cutánea que por lo general aparece en un solo lado del cuerpo, con ampollas llenas de líquido (vesículas) siguiendo el recorrido de un nervio (dermatoma).

No, no necesariamente. Aproximadamente entre un 20-30% de las personas que hayan tenido varicela de niños, desarrollarán luego la infección por herpes zóster. Si bien muchas personas que han tenido varicela nunca expresarán herpes zóster, hoy sabemos que el riesgo aumenta con la edad y la inmunosupresión, entre otros:
Factores de riesgo para la infección por varicela zóster:
Es importante entender que la vacuna contra varicela zóster nos protege contra la infección per se, sino que además, disminuye el riesgo de padecer las complicaciones del HZ como la temida neuralgia post-herpética (NPH), que se caracteriza por dolor persistente en la zona afectada por el zóster, que puede durar semanas, meses o incluso años luego de que las lesiones cutáneas hayan sanado.
En la actualidad contamos con dos tipos de vacuna, una vacuna recombinante que requiere dos dosis -Shingrix- y otra vacuna a virus vivo atenuado, de una sola dosis -Zostavax-.
Shingrix es la vacuna de elección debido a su mayor eficacia (>90% de eficacia para prevenir el herpes zóster en adultos mayores de 50 años; 85% de protección en adultos mayores de 70 años, incluso con un sistema inmune debilitado; reducción del 90% del riesgo de NPH y una protección duradera, superior a los 10 años.
En conclusión, la vacuna SI sirve, ya que no sólo reduce el riesgo de contraer la enfermedad, sino que también reduce el riesgo de padecer sus complicaciones, lo que mejora notablemente la calidad de vida de los pacientes.
Autor
Dra. Micaela Mayer - Wolf
Médico con formación específica en Enfermedades Infecciosas de adultos - Centro Creciendo Madrid
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