Una alergia alimentaria es una reacción del sistema inmunológico frente a determinadas proteínas presentes en alimentos. En las personas alérgicas, incluso una cantidad mínima del alimento puede provocar una respuesta grave o potencialmente mortal.
A diferencia de una intolerancia alimentaria, la alergia activa el sistema inmune y puede desencadenar desde urticaria hasta anafilaxia. Por eso es tan importante identificarla correctamente y evitar la exposición.
Los síntomas de una alergia alimentaria pueden aparecer entre minutos y dos horas después de la ingesta del alimento. Los más frecuentes incluyen:
El diagnóstico de una alergia alimentaria debe realizarlo un alergólogo especializado. Las pruebas más comunes incluyen:
Permite identificar el alimento sospechoso, la cantidad ingerida y el tipo de reacción.
Consisten en aplicar extractos alimentarios o el propio alimento sobre la piel para observar si se produce una reacción.
Mide los anticuerpos frente a los alérgenos alimentarios.
Es la prueba más definitiva, pero se realiza bajo supervisión médica en un entorno hospitalario por el riesgo de reacción grave.

Aunque cualquier alimento puede provocar alergia, algunos son más comunes por grupos de edad:
Algunas alergias alimentarias infantiles, como a la leche o el huevo, pueden desaparecer con el tiempo, mientras que otras tienden a persistir.

Aunque a menudo se confunden, alergia e intolerancia alimentaria no son lo mismo.

La única forma de evitar una reacción alérgica es eliminar el alérgeno de la dieta. Para ello, es fundamental conocer la normativa del etiquetado alimentario en España y saber leer correctamente las etiquetas.
El etiquetado de alimentos en relación con los alérgenos está regulado por el:
Todo alimento envasado o servido debe indicar si contiene alguno de los siguientes alérgenos alimentarios:
Los alérgenos deben aparecer resaltados (negrita, mayúsculas, subrayado…). Ejemplo:
Ingredientes: harina de trigo, agua, huevo, sal.
La normativa también se aplica a alimentos no envasados, como los que se sirven en:
Estos deben informar por escrito o verbalmente de los alérgenos presentes, y esta información debe estar accesible y visible para el consumidor.
Aunque la legislación no obliga a declarar trazas, muchos fabricantes lo hacen por precaución, con frases como:
Este etiquetado voluntario es muy útil para personas con alergias graves, ya que incluso una mínima exposición puede ser peligrosa.
En definitiva:
Las alergias alimentarias son una condición médica seria que requiere un diagnóstico profesional, medidas estrictas de prevención y una buena educación en el entorno familiar y escolar. La lectura correcta del etiquetado de alimentos y el conocimiento de la normativa vigente son herramientas esenciales para evitar riesgos.
Si crees que tú o tu hijo podríais tener una alergia alimentaria, consulta con un alergólogo. Un diagnóstico temprano y un buen manejo pueden mejorar la calidad de vida y evitar complicaciones graves.
Autor
Dra. Paloma Ferrando Anaut
Alergóloga - Centro Creciendo Madrid
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Dra. Paloma Ferrando Anaut – Alergóloga
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